Primero quiero agradeceros todos vuestros comentarios amigos@s. Siempre me estais dándo ánimos fuerzas y vuestro cariño...siempre estaré en deuda con la blogosfera...y por otra parte pienso que lo que se hace y dá con tanto amor y cariño (el mismo con el que se recibe)...no tiene precio ni pago...parece una paradoja pero es lo que siento...todos habeis actuado con buenos sentimientos y así lo percibí yo.
He recibido este correo de Ambar...es un cielo...para que me distraiga me manda cada correo...con unos me río muchísimo y otros son para reflexionar como este. Espero que os guste tanto como a mi...tal vez alguien más lo recibió...de cualquier modo quieo compartirlo por lo profundo que es.
Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:
- Me estoy fabricando un precioso anillo.
He conseguido uno de los mejores diamantes posibles.
Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre.
Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo. Todos los que escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...
Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia.
El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:
-No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje –el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas -le dijo- mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-
Ese momento no tardó en llegar.
El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida:
Enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino.
Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia adelante y no había ningún otro camino... De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso:
Simplemente decía “ESTO TAMBIEN PASARÁ”.
Mientras leía “esto también pasará” sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos. El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al mistico desconocido.
Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino.
Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo. El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:
-Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
-¿Qué quieres decir? –Preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
-Escucha –dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras.
No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso.
No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido.
El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.
Entonces el anciano le dijo:
-Recuerda que todo pasa.
Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes.
Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza.
Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.
Que tengan el mejor día!!!,mi deseo sería que todos
nosostros nos pudiésemos regalar este anillo ,con
esta frase,"ESTO TAMBIÉN PASARÁ".
"Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar".
(No recuerdo si esta estrofa es de Antonio Machado,
o es la adaptación que hizo Serrat en su producción Cantares).
Besos,que tengan paz,armonía ,bienestar y mucho disfrute.
Os copié todo el mensaje tal y como me lo envió nuestra querida Ambar.
Mañana intentaré visitaros a todos...ya sabeis que me canso...por eso lo hago a ratos. Un fuerte abrazo. Uru.
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lunes, 20 de septiembre de 2010
miércoles, 10 de febrero de 2010
¿Cúal Es El Verdadero?.....
Un cura orondo...de prominente barriga, hizo una pequeña reforma en la sacristía de su modesta parroquia de pueblo. Contrató a un inmigrante, era mano de obra más barata y podía exigirle más. Cuando acabó su trabajo el albañil extranjero, le preguntó por las prendas y artilujios varios que vió por allá.-Perdón Padre...¿que son todas esas ropas que tiene guardadas?.
El sacerdote, con sonrisa mmmm?? le repondió.
-Hijo mío son ornamentos litúrgicos que un cura debe ponerse ante Nuestro Señor Jesucristo, como señal de respeto y veneración, aquí tienes: el amito, , el alba, el cínculo, la, la estola, los corporales, el coníngulo, la casulla, el bonete, la capa pluvial....
Sorpendido el hombre le pregunta: ¿y todos estos cacharros, qué son, para qué sirven?.
-Son los Sagrados Objetos de la Liturgia, y sirven para ofrecerle al PadreNuestro Señor, nuestra pleitesía y admiración , recitando como un papagallo los objetos mientras los señalaba: El cornijal, el purificador, el atril, la palia, las vinajeras, el cáliz, el incienso...bla, bla, bla....
El extranjero que escuchó con suma atención...le soltó una perorata, de carretilla...
-El chaleco multiusos, los vaqueros raídos, la gorra visera, el jersey con coderas, la camisa de franela, las botas aislantes, las botas anticortes, el cinturón de seguridad, los calcetines de lana. la camiseta para el frío. Los objetos para el sacrifio son:
el martillo, el cincel, la espátula, la machota, , la escuadra, el cartabón, los alicates, la escarpia, el cortafríos, la maceta, la paleta, la pala, el paletín, la plomada y las tenazas.
El cura...con cara absota le dijo: -no entiendo lo que me quieres decir-
Mire padre, su Dios tan justo y generoso, me dejó viudo muy joven, con tres hijos pequeños, sin estudios ni trabajo y oportunidades en mi tierra, pobre desde que nací. Nunca creí en Él, no creo que un Dios pueda ser tan perverso...solo creo en la diosa fortuna, en una salud divina, en un divino trabajo, porque padre...yo tengo fuerza y fé en mi mismo. Me considero un pequeño dios, con ropas sencillas, y con mis útiles de trabajo, hago milagros todos los días para sacar adelante a mi querida familia. Le regalo su justo Dios...yo ya tengo el mío...aunque sea tan pobretón y tan poca cosa.
El cura mirando al cielo...escandalizado dijo. -Señor, perdona a éste ateo ignorante que no sabe lo que dice-.
Realmente me pregunto...¿que piensa Dios de todo esto?...

